miércoles, 20 de marzo de 2013

Agradecimientos

Y en este capítulo me toca agradecer a todos los que han contribuido a que mi viaje haya sido tan placentero y, en especial, a aquellos que se han convertido en amigos para siempre.

En cuanto al aspecto técnico del blog, agradezco la colaboración  prestada por las responsables del KZgunea de Irun, Ioana, que ya me ayudó con el anterior, y Virginia, que me resolvió un problema del Blogger, actualizando la carga de imagen. Muxus a ambas. Como las damas de KZgunea son cambiantes, cuando inicié este tramo de mi blog, también agradecía a Maitane y Alexandra que, ahora, tampoco olvido.

Agradezco también a Amparo Blanco, por lo bien que me cuidó las plantas durante mi ausencia y, cómo no, a mi familia, que me fue mandando noticias de ellos y de mis nietos, alegrándome el camino.

lunes, 4 de marzo de 2013

Retorno a casa II

62.02 (178) Retorno a casa II
20.08.08
Alicante-Irun

No hay mucho que contar de este viaje. Desayuno en el Café Damasol (4,90 €). La comida es obligada por la parada del bus en Monreal del Campo (13 €) y una menta poleo (1,25 €). Si os queréis molestar en comprobar los gastos que, como buen contable que fui, he ido reseñando a lo largo de este diario, os diré que la suma total es de 2.115,68 €, y eso que he ahorrado en camas, durmiendo al aire libre 45 noches.

Y como muestra de agradecimiento a mi amiga Amparo, la que me selló la credencial del Camino a Santiago, en Irun en 2006, saco foto de mis plantas que ha tenido la gentileza de regar durante este verano.










Y de nuevo a comenzar un año con la vista puesta en San Marcial, sobre el monte Aldabe, que disfruto desde mi apartamento.

Y a esperar que me vaya bien en el balneario, mi primera experiencia balnearia con el Imserso, en el de Fuentes del Trampal, Cáceres, en noviembre. Allí conoceré a Augusto, un grancanario que será también mi compañero el siguiente noviembre de 2009 en el balneario de Verche, en Valencia y que en enero me visitará en Caletillas (Tenerife), estando con el Imserso, y al que en primavera visitaré en su isla de Gran Canaria, en su casa de La Aldea de San Nicolás de Tolentino, del que guardo muy buenos recuerdos y del que no tengo noticias directas desde hace tiempo, aunque sí indirectas. Sé, por lo menos, que está vivo. La visita al balneario de Fuentes del Trampal, tendrá un aliciente añadido. ¿Recordáis el encuentro que tuve en Caños de Meca con una pareja de Talayuela, Cáceres? Pues, yo que pensaba que no iba a ir nunca por allí, al tocarme el balneario en su provincia, aunque Talayuela está casi lindando con Salamanca y El Trampal en la frontera con Badajoz, hicimos por vernos y pasé invitado dos noches en casa de Rufi y Toño. Un encuentro casual de mi camino que se convierte en amistad duradera.

Retorno a casa I

62.01 (178) Retorno a casa I
19.08.08 martes
Calas de Campoamor (Orihuela)-Alicante.

El asa de mi mochila se rompe del todo al subir al autobús. Fue un regalo con puntos Eroski y ya se puede decir que ha cumplido su cometido con el viaje por Portugal y éste. En el autobús, se sienta a mi lado una chica del estilo de mi compañera de trabajo, María, pero sólo es la apariencia, ya que ésta no es, ni con mucho, tan simpática como María. No hablamos en todo el camino. A veces, se me saltan las lágrimas por tan brusco final. El paso por Torrevieja se hace pesado. Pongo atención al llegar a las Salinas de Santa Pola; sus aguas casi tocan el firme de la carretera. La casa de Arantza y Martín, queda lejos y aquí dejo de escribir en mi diario.

Cuando llego a Alicante me voy a comer con Antonio (9 €). En una pastelería como un pastel y un café (5,30 €). Me voy en busca del albergue juvenil pero, después de lo que me cuesta encontrarlo, resulta que está en obras y tendré que pensar en otra forma de pasar la noche. Próxima al Albergue juvenil, veo una curiosa fuente, la plasmo en una instantánea y me voy en busca de cama. La encuentro en Pensión Casa Miguel y me costará 24 €. Dejo allí las mochilas y me voy a dar una vuelta por Alicante.








Fotografío el castillo-fortaleza que no se encuentra demasiado alejado, pero al que no pongo ningún interés en visitar. ¡Quizás en otra ocasión! Y, a pesar de los desvelos de mi amiga Gemma de ayer en La Llana y mi gusto por viajar en tren, debido a que no tengo billete en Renfe para mañana, decido coger billete de autobús a Irun (35,83 €).

Disfruto de un gin-tonic (4 €) y me voy a visitar el Mercado de Abastos que está muy cerca de la pensión.

Aquí mi diario se acaba, no es cuestión de relatar más un viaje caminando, cuando ya estoy en dique seco.

Mañana relataré sólo mi llegada a Irún.

viernes, 13 de abril de 2012

Etapa 62 (178) Playa de La Llana-Calas de Campoamor

Etapa 62 (178) 20 de agosto de 2008, martes.
Salinas y Arenales de San Pedro-San Pedro del Pinatar-La Horadada-El Pilar de La Horadada-Calas de Campoamor (Orihuela).

Última etapa.
Entrando en la provincia de Alicante
Mi última noche del verano al aire libre, duermo bastante bien. Oculto mi cara de la luna con las mochilas cuanto puedo, pero resulta difícil escapar de su luminosidad. A primera hora las había colocado de forma que me protegieran la cara del aire para que no me entrara la fina arena, pero luego las he tenido que cambiar de posición para que me protegieran de la luz lunar; este pequeño trasiego ha evitado que durmiera todo lo bien que hubiera deseado.

Baño flotante en poza salina
Me levanto a las siete, y trato de quitar la arena que se me ha quedado incrustada en el saco; y sale con mucha dificultad. Guardo todo dentro de la mochila y me voy desnudo hacia las pozas de la salina. Cuando llego a la más próxima, que ya había visto ayer en mi paseo, me doy un baño flotante. El exceso de salinidad, hace que la mayor parte de mi cuerpo aflore por encima del agua, en proporción a como ocurre en un iceberg, 2/3 sumergido y 1/3 al exterior. Resulta una sensación muy grata. Se produce un equilibrio inestable de calor, frío, calor y, en la parte que medos cubre, de nuevo, frío. Es una sensación placentera, pero rara, quizás debida a estos altibajos de temperatura. A lo mejor es debido a la hora tempranera, pero ya no puedo comprobarlo a otra hora.

Despedida de playa La Llana
Cuando vuelvo a la playa, acaba de llegar Guillermo en bici y se está metiendo desnudo al agua. Para quitarme de la piel la sal de la poza, yo también me baño y charlamos en el agua de mi viaje y de la sensación de libertad que da practicar nudismo. Me despido de él, me visto y camino descalzo por la orilla, deshaciendo el paseo que hice ayer cuando salí del Gorbea. Al llegar al paseo-aparcamiento, hablo con un pescador que ha estado pescando un par de horas. Me dice que está reglamentado que sólo pueden pescar en la playa de 20:00 h a ocho de la mañana.  

Playa de Torre Derribada y El Mojón
Cruzo la carretera y paso a la playa de Torre Derribada y me descalzo de nuevo. Un pescador me dice que, al final de la playa, encontraré el mojón de El Mojón, que delimita las dos provincias. Saco una foto de la playa más larga de San Pedro del Pinatar, que es ésta de Torre Derribada y sigo caminando por la orilla. Al fondo se ve el lugar en que el canal delimitador del parque natural se acerca más al mar.

Continuando por la orilla, como estaba previsto, llego a El Mojón y allí fotografío el mojón anunciado. Se ve que la playa está dominada en esta zona por la posidonia, pero esto no es nada, al final del verano, con lo que veré el próximo año cuando pase por allí el 30 de mayo de 2009; ni se podrá ver el mojón, por estar las posidonias enseñoreadas del lugar. Ya lo veréis, si seguís mostrando interés por mi relato. Pasado el mojón, ya estoy en la provincia de Alicante. El objetivo del viaje ya se ha cumplido y hoy es el día 62 desde que salí de Portugal y el 178 desde mi inicio en Saint Palais-Donapaleu.

Hacia La Horadada
Ya en paseo marítimo, me encuentro con Pepe, quien trabajó muchos años en San Sebastián e Irun, me dice; transportaba fruta de aquí y allí cargaba malta de cerveza para Kutz. Tiene un recuerdo imborrable de las sabrosas verduras navarras y riojanas. Después de aquellos tiempos, no ha vuelto por Donostia.

Hablamos algo de política y economía pero, como tanto él como yo no somos unos expertos, la conversación languidece y nos despedimos. Según me voy acercando a La Horadada, voy sacando varias fotos con el espigón donde esta La Torre y cuando llego a La Torre de la Horadada, me siento a desayunar en el Hostal Horadada. Tostada con tomate y aceite y tostada con mantequilla y mermelada, acompañada de café con leche (3,50 €). Pago y me pongo a escribir.
Entro al retrete y mi deposición es una demostración de que mi cuerpo ya se va regularizando, volviendo a la normalidad. Una mujer canta a su niño: “¿Papá?, ¿qué?, Pepito me quiere pegar, ¿por qué?, por ná… por un pimiento, por un tomate…” Yo recuerdo cómo la cantábamos de pequeños y le digo que continuábamos para la rima con “ná”, “por una cosita que no vale ná”. ¡Recuerdos de niñez para finalizar el viaje! Cojo agua del grifo. Una camarera rumana se acerca para ver si mi mapa de la comunidad valenciana llegaba hasta su país. Se volverá de vacaciones a Rumania, en octubre, pero allí ya no le queda nadie de su familia y se volverá de nuevo a España; ya lleva seis años aquí.

Salgo hacia el Pilar de la Horadada y voy combinando paseos marítimos con playas. El paseo por la orilla es magnífico, ya que la arena es compacta y fina y no se hunde al pisar. Unos vigilantes de playa me hablan de unas playas nudistas antes de llegar al Cabo Roig, pero las que veo desde arriba del acantilado no son playas de arena, sino de rocas  y con acceso complicado visto desde arriba. Desde el elevado paseo marítimo no se ve a ningún nudista y no me animo a intentar la bajada.

Siguiendo el paseo marítimo, me topo con una urbanización que asoma al acantilado, lo que obliga a que el paseo se interrumpa bruscamente, sin ninguna posibilidad de continuar por él.

No sólo no deja paso e impide continuar por el acantilado, sino que añade toda clase de obstáculos, pinchos y planta plantas pinchosas para que ningún osado se atreva a adentrarse por sus dominios. “Estas terrazas son de mi vivienda y las he pagado yo con mi dinero, así que yo soy el único que puede disfrutar del lugar y que nadie ose  quitarme las vistas”, parece decir la urbanización.

Calas de Campoamor (Orihuela). Final brusco de paseo, final brusco de mi camino
Una señalización me informa que estoy en las Calas de Campoamor, que es la parte de costa del municipio de Orihuela, que está mucho más al interior. El final tan brusco del paseo por encima del acantilado, me ha obligado a meterme por el interior de urbanización. No llegaré al cabo Roig, que había podido reconocer cuando iba por el paseo, así como también se volvía reconocible Torrevieja, porque al llegar a un pequeño edificio que pone Ayuntamiento de Orihuela, que lo veo desde este lado de la carretera, observo que hay un autobús. Venía pensando en comer en Torrevieja y llegar andando hasta Santa Pola que, como allí mis amigos tienen una vivienda, podría ser un buen lugar también para reiniciar el camino el próximo año; de allí coger autobús a Alicante y mañana coger un tren a Irun. Pero, una cosa son las ideas y otra lo que el camino va demandando y ese final brusco de paseo marítimo truncado, me ha sentado como un tiro y ese autobús que se me pone a huevo, hará cambiar mi plan. Pregunto al conductor y me responde que, en breve, sale para Alicante y, al poner el pie en el primer peldaño de acceso al autobús, mi viaje se acaba. ¡Fin!, por este año. Pago el billete, 4,49 € y me voy a la capital de la provincia.









Etapa 61 (177) Santiago de La Ribera-Salinas y Arenales de San Pedro

Etapa 61 (177) 19 de agosto de 2008, lunes.
Santiago de La Ribera-San Pedro del Pinatar-Salinas y Arenales de San Pedro-Playa La Llana.

¡Qué gusto dormir en una cama!
Más tarde de lo habitual, me despierto a las siete y media. El haber vuelto a coger una cama me ha venido bien para descansar mejor y apreciar lo que no valoramos porque lo tenemos habitualmente. He soñado con itinerarios por playas, sobre las que voy pasando como por un mapa, entre flotando y volando. Me levanto, afeito, recojo las piedrecitas que ayer cayeron a la bañera al limpiar la mochila, las tiro a la papelera, y paso la cebolleta con agua para limpiar la arenilla restante; luego me ducho, seco, visto, ordeno la mochila y bajo a la puerta de la Academia General del Aire.

Otra vez en la Academia General del Aire
Hoy ya hay más movimiento de entrada y salida de personas y vehículos y el soldado encargado de la puerta no se presta tanto al diálogo como el de ayer; está más a dar paso o a retener a los que pretenden entrar sin autorización, como es mi caso. “Para datos sobre hemeroteca”, me dice, “es mejor que le escribas al Coronel” y me da en un papel las señas: “Ilmo. Sr. Coronel Director AGA c/Coronel López Peña s/n C.P. 30720. San Javier. Murcia” y los teléfonos del Secretario y de Relaciones Públicas. Así de rápido se acaba mi visita. En marzo de 2009 escribiré al Ilmo. Sr. Coronel, quien me responderá el 6 de abril invitándome a visitarles. Entresaco un párrafo del escrito, en los siguientes términos: “No sólo accedo a su petición para que pueda consultar nuestros archivos, sino que aprovecho la ocasión para invitarle a visitar esta Unidad e incluso, para ofrecerle la posibilidad de que participe en un acto militar, si Vd. lo desea, para Renovar su Juramento de Fidelidad a la Bandera. Ni que decir tiene que podría venir acompañado de sus hijos, nietos y sobre todo por Jesús Mari.” Jesús Mari Usandizaga es el hermano del estudiante de aviación fallecido, al caer el avión que pilotaba, el 25 de febrero de 1952. Él también quiso ser piloto en la misma academia, pero sus padres removieron Roma con Santiago, hasta conseguir que no fuera admitido. Respondí a la invitación agradecido e informando que aparecería por allí a finales de mayo; pero ya estoy narrando demasiadas cosas que no pertenecen a éste, mi viaje de 2008, y sí al del próximo 2009.

Previos al recorrido más corto de todo mi viaje. Adela
Guardadas las señas del Coronel, voy a Caja-Mar para sacar dinero donde ya, con tanta experiencia, no tengo ningún problema para obtenerlo. Echo bono-loto y primitiva y compro cuatro números de 6 € de la lotería del sábado, para regalar suerte a mi familia, es un obsequio que no pesa (4+24=28 €). Creo que es demasiado pronto para comprar lotería de Navidad, que ya ofrecen. Y para las 9:10 h ya estoy de nuevo en K-Hito para desayunar. Tostada con tomate, pan con mantequilla y mermelada, y café con leche. Suficiente, ¡qué más voy a pretender por 2 €! Aparece Adela sola, y pregunta dónde sentarse. Aunque ya estoy terminando, acepta mi propuesta de desayunar en mi mesa. Charlamos. También tiene dos hijas y está esperando su primer nieto. Trabaja como operadora de telefonía en Almería y, por ganar más, no cotizó todo el tiempo y ahora no sabe lo que tendrá que trabajar para poder prejubilarse. Adela está en la misma honda, valora mi esfuerzo y aprecia mi filosofía de viaje. Resulta un desayuno grato por lo atípico, ya que casi siempre he desayunado solo; hecha la salvedad de algún albergue. Enseño a Adela mis dibujos. Ella es de Aguadulce y me pregunta si me fijé en los colores de la montaña al amanecer. Le digo que no, porque los amaneceres de Roquetas de Mar (en la playa) y de Aguadulce (en tienda de campaña), no los tuve con la montaña delante. Como pronto va a ser abuela, le hablo de lo feliz que soy con mis tres nietos, de la boda de Vera y Mikel y lo entrañable que fue, al enrollarse la Juez con mi nieto de tres meses. Los temas que sacamos son coincidentes y compartidos. K-Hito es una pensión que le gusta, porque son atentos y el lugar es tranquilo. Ayer salió con amigas, pero hoy una está en casa de parientes y a las otras ya se les han acabado las vacaciones. Ella disfruta de la segunda quincena de agosto y de la primera de setiembre, cuando el calor ya desciende. Nos despedimos, pero no nos damos señas para continuar una relación epistolar. Ella sube al tercer piso y yo me quedo en el segundo, donde recojo todo y bajo. Vuelvo a la AGA para que me echen el sello para mi credencial, pero ya se ha acumulado tanta gente que dudo. Pregunto al que controla entrada y salida de coches y me dice que permanezca en la cola. El de ventanilla pregunta y le dicen que no. Vuelvo a la pensión y allí me echan el sello. Lo incluí en el relato de ayer.

Hacia Lo Pagán y Salinas de San Pedro
Salgo de Santiago de la Ribera, por el mismo paseo marítimo, por el que caminé ayer, y llego a Lo Pagán. Un edificio en forma de carabela, donde pone Santa María, es lo que más curiosidad me produce del lugar. Es, como el mío para mí, muestra de un viaje que tanto interés y repercusión tuvo para la España del Renacimiento. Encuentro indicador de Información, pero lo persigo y lo pierdo.

Me acerco a la Lonja de Pescado, donde se está produciendo la venta del pequeño alijo que los pescadores han obtenido de su trabajo en el mar. Veo cómo destripan unos pequeños tiburones que, todavía sangrantes, son dejados a escurrir.


Contemplo unos crustáceos más chatos que la langosta, y sin sus largos bigotes (o antenas), que aquí les llaman langostinos, pero que no se parecen en nada a los que en mi tierra llamamos langostinos, que son más similares en forma y tamaño a las gambas.

Paso por pasarela al Mar Menor. La gente se baña y la foto que saco ilustra muy bien lo que en Los Nietos más me sorprendió. Si no se viera a algunos bañistas de pie, veríamos infinidad de cabezas en el agua que dan la sensación de que nadan en zona profunda y, viendo a los que se han levantado o caminan, nos damos cuenta de que, a los otros, no les cubre y que están sentados, en cuclillas o de rodillas. Salgo de la zona de baño y me acerco a un estrecho pantalán que parece puede ser usado por bañista, aunque ahora esté vacío, también parece que tiene escalerillas metálicas, como de piscina, para ascender y descender al agua. Es mi última oportunidad de bañarme en el Mar Menor, pero se produce en mi interior un tira y afloja que, por un lado, me anima al baño y, por otro, lo repele, ¿quizás el recuerdo de las medusas? Quiero y no quiero. El caso es que no me baño y con esta pena de no conocer una sensación de baño en el Mar Menor, lo abandono. ¿Me bañaré allí el próximo verano? Aunque parece que estoy hablando de Lo Pagán como municipio autónomo, en realidad, creo que ya no pertenece a San Javier, sino a San Pedro del Pinatar.

San Pedro del Pinatar
Si San Pedro transcurrió en Cádiz por el río San Pedro, en Puerto Real; la final de futbol europeo Alemania-España me coincidió frente a Sancti Petri; en Málaga fui a San Pedro de Alcántara que, estando en interior, como Mojacar, todavía me sorprende que lo visitara; hoy toca el turno a San Pedro del Pinatar, que mañana será el último pueblo que abandonaré de Murcia, en El Mojón, para entrar en la provincia de Alicante. Ahora, tras la visita a su Lonja de Pescado, y su playa interior, encuentro la Información cuya señal había perdido. Pido un mapa de la Comunidad Valenciana que me serviría para entrar mañana en Alicante y para inicio de mi ruta del próximo año de 2009, pero no tienen y me remiten a la otra oficina; para que pueda localizarla, me dan mapa de San Pedro del Pinatar.


Me ponen el sello en la credencial, quizás el más pequeño de todo el viaje y que será el último que obtenga, ya que este año voy a remolque de los dos anteriores; en el primero de 2006, porque iba haciendo Camino a Santiago, el pasado de 2007 porque, aunque no pensaba ir de Andalucía hasta allí, también iba en dirección a Santiago de Compostela, y éste, por inercia. Cuando inicie en 2009 el viaje por lo que queda del levante peninsular, me desprenderé de la credencial que me da un trabajo y una preocupación adicional aunque también, como ya he relatado, algunas experiencias interesantes para contar, como ocurrió en Matosiños, al norte de Porto, por poner un ejemplo. Dudo en dejar para mañana la búsqueda de la otra oficina de Información, pero decido ir a ella, pues no sé lo que haré mañana. He hecho bien en buscarla, ya que me han dado el mapa de la comunidad valenciana que buscaba, vuelvo a salir a la costa interior y cojo dirección Salinas de San Pedro. Cuando estoy en esta segunda oficina, me encuentro a menos de un kilómetro de la frontera alicantina.

Salinas de San Pedro.
Donde el reflejo azul del cielo se vuelve rosa
La avenida, que va rodeando una gran barriada de casas, es amplia. Con una doble carretera de circunvalación y acera que va en dirección a las playas del municipio que están ya en el Mediterráneo; es decir, que ya se acabó el mar interior del Mar Menor y me dirijo hacia mar abierto. A la derecha de la acera por la que voy, va un canal con poco agua y que delimita el espacio del Parque Natural de Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar. Por aquí será imposible pasar al parque. Por la parte de las casas, veo que se anuncia talasoterapia con barros optativos. La hora de comer ya se va acercando, y un hombre me informa que por esa zona no tengo restaurantes pero que, tanto en el puerto deportivo, como antes de entrar en la playa de La Llana, tendré varios a elegir aunque, algunos, algo caros. Como tengo pasta fresca, y se presiente que hoy será mi última comida de caminante, no me importará hacer un gasto extra para festejarlo. Sigo esperando la llamada de Jose Martin pues, siendo hoy lunes, espero que ya haya llegado a trabajar a Cartagena.

Después de la segunda o tercera rotonda, me meto por la derecha hacia las salinas y abandono la dirección que, en poco tiempo, me habría llevado a Alicante. Esperaré a mañana para hacerlo; por este año, todavía me quedan esta tarde y la noche para disfrutar de mi última etapa murciana. Nada más entrar en el parque natural, saco las primeras fotos de las salinas. En la primera ya se observa la primera gran colonia de flamencos, que no sé si será de grupo estable o pasajero. En dirección al puerto deportivo, hay tres modos de hacerlo según sea el medio que se utilice: los coches tienen su carretera de doble dirección; los ciclistas su pista, también bidireccional; los peatones un camino hecho con travesaños de madera que va por el lugar privilegiado y más exterior. Así, como se ve en la foto, el orden es: peatones, vehículos a motor y bicicletas pero, como también se ve en la foto, los travesaños de madera no reciben un buen servicio de mantenimiento y, de vez en cuando, alguno falta, lo que obliga a prestar una persistente atención a dónde pisa el que camina. En vista de ello, decido volverme bicicleta para ir por piso más seguro. Ya sé que existiendo ese camino, teóricamente para el que camina, a los ciclistas no les hace mucha gracia que ocupe su espacio, pero la circulación en velocípedo a pedal tampoco es tan grande como para que les moleste. En caso de queja de algún ciclista, ya tengo argumentos.

Voy disfrutando de bonitas imágenes con cielos limpios y azules que, en el remanso de las salinas, son espejos del mismo mar que convierten su azul en rosa; como si el cielo fuese en masculino y el agua marina femenina.

Soy remiso a sacar fotos repetitivas, con una foto de cada lugar me suelo contentar, pero hoy no me puedo resistir a sacar más de lo habitual y serán cuatro las que ponga en mi álbum.



Cada una tiene su razón de ser; si antes fueron los flamencos los que me motivaron la foto, ahora serán su lisura, sus reflejos, su color… los que me motiven.

Siguiendo el camino, iré llegando a un lugar en que abandonando la carretera, el camino para bicicletas se mete hacia la derecha en dirección a la playa La Llana, en cambio la carretera va hacia el Club Náutico donde se gestiona todo lo relativo a deportes náuticos y donde está el Puerto con su dársena de yates y sus pantalanes para acceder a ellos.






Repaso a las playas nudistas más destacadas. Posidonia.  Comida en el Gorbea
Entro en el restaurante del Puerto deportivo y me da la sensación de ser demasiado elegante para las pintas que llevo; también me parece caro pero, probablemente, si hubiera pedido uno de los pescados de la carta y un postre y sin pedir un vino de precio, no me habría salido más caro que lo que pagaré en el Gorbea que, al final, será el sitio que elijo. ¿Por qué lo elijo?, ¿por el nombre? Es casi seguro que lo habría elegido por estar al inicio de la playa de La Llana, sin más; pero puede que ya estando a punto de terminar el viaje y de partir hacia la tierra propia, el monte Gorbea donde, “en lo más alto, hay una cruz de amor”, haya hecho el efecto de llamada. Entro y me dicen que hasta la una y media no empiezan a servir comidas. En vista de ello, voy por la orilla de la playa para hacer tiempo.

Ya en los inicios veo las primeras colonias de posidonia seca que es una de las algas más conflictivas. Son algas que no gustan a los visitantes playeros y, en muchos casos, a los visitantes extranjeros. En 2011 tendré ocasión de comprobar en Baleares cómo muchas playas han desaparecido porque a los alemanes no les gustaba la posidonia, la han quitado para darles gusto y, después, se han quedado sin arena ya que, uno de los efectos benéficos de esta alga es la de sujetar y afianzar los arenales. Pues bien, aquí también ha estado a punto de ocurrir tres cuartos de lo mismo. La primera parte de la playa de La Llana era la más visitada, la más accesible en vehículo, ya que se puede aparcar en un gran espacio que está al inicio y, si se transporta comida, neveras con mucha bebida fría y demasiados utensilios para playa, como hamacas, sombrillas, etcétera, todos los etcéteras que se quieran, la tele, el canario en su jaula..., no conviene ir demasiado cargado durante mucho tiempo, máxime si se camina por arena; el andar con peso por la arena se hace muy pesado. Bueno, no me quiero desviar; es en esta primera parte de la playa donde iniciaron la poda de posidonia y el resultado ha sido que el mar ha avanzado tanto que casi se quedan, nos quedamos, sin acceso a la playa. Por eso podemos comprobar cómo el inicio de la playa es muy estrecho y, poco a poco, va adquiriendo una anchura más que aceptable. A los de Cruz Roja, que están al inicio, les pregunto dónde está la zona nudista y su respuesta es ambigua o más bien como diciendo que allí no hubiera playa nudista. Como comprobaré por la tarde, para mi gusto será una de las mejores playas nudistas de todo el estado, tanto como las de Tregandin, Covachos y Valdearena, en Cantabria; las de Torimbia, Barayo y Mexota, en Asturias;  Las de Frouxeira y Ponzos, al oeste de Ferrol, la pequeñita y entrañable de Insua, la de Las Combouzas, en A Coruña, y la de Arealonga, frente al castro de Baroña, Do Vilar, después de Corrubedo, también en la misma provincia gallega; Bascuas, Tuia (cerca de Bueu) y Barra (junto a cabo Home),  en Pontevedra, con Melide en Illa de Ons y Das Figueiras en illas Cies. De las que he ido mencionando en este relato del sur peninsular, no me voy a repetir; las mejores playas nudistas están en Cádiz y Almería, sin olvidar Huelva con sus 33 y ½ kilómetros de playa a lo largo de todo el coto de Doñana y en contacto con plena naturaleza virgen. Decepcionante Málaga, en cuanto a playas, con la excepción de Arroyo Vaquero en Costa Natura (Estepona), Cabo Pino y Almayate. Benalnatura, para olvidar. Cantarriján ya en Granada. De Murcia me quedo con Percheles, El Portús, Calblanque y esta entrañable playa La Llana en que dormiré la última noche de este camino y que repetiré iniciando la dormida de mi camino del próximo verano 2009. Me voy hacia el puerto y me asomo a la playa exterior. Compruebo toda la costa alicantina que ya empieza cerca, acabado El Mojón, y que mañana recorreré. Pregunto a pescadores por cada uno de los lugares que se ven hacia el norte, pero ninguno me confirma que las torres altas pertenezcan a Torrevieja. Regreso al Gorbea y elijo mesa donde me pongo a escribir. Aunque la hora de inicio para dar comidas ya ha pasado, no hacen mención de atenderme hasta cerca de las dos. No me importa. Pido un gazpacho, una lubina y cuajada de nueces con miel. La sangría no me gusta por los ingredientes alcohólicos que le han echado y pido un Fanta-limón; como colofón tomo un irlandés, que me cuesta mezclar y que debo esperar a tomar por estar muy caliente. Entre gazpacho y lubina, recibo SMS de Jose Martin; me dice que se ha retrasado en mandarme el mensaje por despiste y que, por preparativos de boda no nos podremos ver hasta el miércoles. Aclarado el panorama, le respondo agradecido por la dedicación de su jueves en Cartagena, con la pena de no haber visto a María Ángeles e informándole que el miércoles ya estaré en Irun, de regreso. Feliz boda, que será en setiembre. Ya con el tema del encuentro (ya desencuentro) resuelto, continúo con la comida. Pago la comida 33,50 €. Hay niños que molestan al pasar de la piscina por la baranda del restaurante. He optado por comer en la terraza, porque en el interior del comedor hace demasiado frío. ¡Odio los aires acondicionados!, sobre todo, cuando los ponen a tope como creo es el caso. En la terraza tampoco hace calor, ya que corre airecillo. Una pareja joven con niño de dieciocho meses, dormido en silla, come al lado, caldero; un arroz caldoso, creo que de marisco. Son Antonio y Paqui y el niño, para variar, también Antonio, como el abuelo, aunque la razón que aducen para ponerle el nombre es que, cuando supieron que estaba embarazada, fue el mismo día en que falleció el abuelo; si lo que esperaban era niño, el nombre le venía ya impuesto por el acontecimiento luctuoso. Ambos son profesores de la ESO, provenientes de Ingeniería Tecnica, como mi hija Sara. Su conversación resulta muy agradable, y podríamos haber estado horas y horas charlando. Los dos son murcianos y esperan no demorar mucho el segundo hijo. Compartimos muchas opiniones sobre la forma de educar a hijos y nietos. Ellos, durante el curso, tienen la suerte de poder recurrir a los cuatro abuelos y ahora, en vacaciones, pueden disfrutar de su hijo; pronto les llega setiembre y, de nuevo, le tocará ser atendido por abuelos y guardería.

Una tarde en playa La Llana
Me rellenan mi botella con agua de otra más grande que tienen empezada y, por paseo, entro en playa La Llana. Ahora son tres los socorristas de Cruz Roja. Uno, el que por la mañana me ha dicho que no es nudista, me dice que, si voy a dormir en la playa, tenga cuidado. “¿Me puede salir alguna novia?”, le pregunto; y su respuesta es escueta, “o novio, o novio”, con cierto retintín y a dúo con otro de los tres socorristas. Bajo a la playa y me descalzo. La arena por la orilla es fina y dura a la vez y tiene un buen pisar; voy dando un paseo magnífico. Es un tipo de arena que me habría gustado tener por todo el camino. El mapa que me ha servido para llegar a La Llana, ya no me sirve, puesto que mañana saldré por la otra playa, la de Torre Derribada que, enseguida, me llevará a El Mojón, con lo que ya habré salido de San Pedro del Pinatar; por tanto, lo abandono. Hay montañitas de posidonia, que son las algas en forma de largas cintas que he ido encontrando a lo largo de todo el viaje. Aquí es quizás el lugar en que más veo, pero no será nada comparando con las que me tocará ver en El Mojón el próximo verano; tantas que formaban una montaña que ocultaba totalmente la zona del mojón separador de las dos provincias. ¿Podría considerarse una acción de la naturaleza para borrar fronteras administrativas?

La ocupación de la playa por la posidonia no es regular ya que hay tramos sin ninguna y otros donde estas algas están muy agrupadas, pero el perjuicio es menor que el beneficio que producen ¡A ver si se enteran los mallorquines y se enfrentan al invasor ignorante alemán! Hasta pasar el segundo puesto de socorristas, no empezaré a ver nudistas; en algunas zonas conviviendo con textiles. Decido ir hasta el final del brazo de mar, o península norte del Mar Menor, toda ella, parque natural. Desde allí saco foto del otro lado, de La Manga, en la parte que corresponde a La Veneciola, con sus altos edificios.

Gemma, agente de viajes,
y sus amigos socorristas
Cuando regreso, la parada con las chicas del segundo puesto de socorristas viene obligada. Serán ellas las que me darán muchas claves del tema Posidonia. No ha sido hasta ahora que he podido relacionar las algas cinta con su nombre científico. Luego reacciono casi de forma agresiva defendiendo mi derecho a estar desnudo en cualquier playa de España. Me doy cuenta de que estoy airado, a pesar de que sé que me voy a desnudar en ese lugar que me parece cómodo y amable. Quizás por estar en lugar tan apropiado para el nudismo, es por lo que me demoro en el regreso. Pareciera como si este lugar me fuera a dar algo más que paz y sosiego. Como el tema nudismo si, nudismo no, se agota, paso a contarles mi viaje. Ya me quedarán pocas ocasiones de hacerlo. Les cuento Tarifa-Pelayo, Cádiz-Sancti Petri y otras anécdotas más generales. Aquí ya las tengo enganchadas al relato. Cuando les planteo mi regreso a casa, Gemma, que está pendiente de una niña que se resiste a salir del agua, se ofrece para informarse de qué trenes tengo para regresar a Irun. Y lo que me dice es lo siguiente:
06:55 Salida de Alicante
10:38 Llegada a Tarragona
13:27 Salida de Tarragona (la nueva estación)
21:25 Llegada a Irun
Agradezco su información, y me dicen que antes he estado en las Encañizadas, que es la parte final de Salinas de San Pedro. Llega un chico y se va con una de ellas a bañarse; le saludaré al final, cuando regresan.

Mi último dibujo. Jaime
Retorno hacia la zona en que, al venir, he visto más nudistas, con intención de acomodarme en un sitio y pasar allí la noche. Cuando llego, ya se han ido varios. Me coloco entre textiles y nudistas. Una pareja de chicos, uno desnudo y el otro con bañador, se besan; otra pareja de chicos en que el textil se sube y se baja el bañador, viéndosele más o menos su raja del culo; otra pareja de chicos se muestran más formales. Después del baño y del paseo para secarme, serán los primeros los que elija para hacer mi último dibujo en Murcia. Cuando sospechan que los estoy dibujando, se levantan y se van al agua para besarse con mayor libertad. A lo mejor pensaban que iban a salir reconocibles en el dibujo y, por tanto, huyen del paparazzi.


Los dos nudistas más próximos, se quedan en uno, ya que Jaime se va a dar una vuelta por las salinas y dunas. Cuando Jaime regresa, se va Ramón. El sol se ha ocultado por poniente, tras la duna baja pero suficiente, y ha dejado en sombra la playa. Me subo a la duna para aprovechar los últimos rayos del atardecer. Mientras, Jaime se ha bañado, secado y está fumando un cigarrillo. En ese momento se me ocurre la conveniencia de tener una foto de recuerdo de mi último día, así que bajo de la duna y le pido a Jaime que me la saque, cuando termine de fumar. Mientras, le hablo de mi viaje. Es de Iruña y Ramón de Madrid, pero afincado en Pamplona desde hace años. Son compañeros. Me saca la foto en la que me podéis ver mucho más delgado que cuando salí de Portugal, y con la cara de pena del final de un viaje que tanto me a reportado en nuevos conocimientos o en la recuperación de ya conocidos. Mañana será día de lloros, por lo bueno que se acaba, y de dicha, por que ya concluí el viaje y regreso donde los míos más queridos y próximos. Cuando vuelve Ramón, se visten y les acompaño por la orilla del mar, hasta un punto en que ya no veo mi equipaje, pero que lo dejo sin ningún temor. Ya queda muy poca gente en la playa, pero todavía siguen llegando algunos sueltos. Me cuentan que las pozas salinas de la zona de dunas merece la pena ser visitada y darse un baño más salino. Cuando creo que ya me he alejado suficiente de mis mochilas, me despido de Ramón y Jaime y regreso a mi sitio.


Organizo mi cama al pie de la duna, en un pequeño entrante, pero sin meterme en ella. Me adentro en las salinas y todavía veo a algunas personas, alguno desnudo y otros vestidos y de charla, pero me parece ya tarde para el baño en las charcas y me prometo a mí mismo hacerlo mañana. El aire no parece que tiene fuerza, pero la arena es tan fina que cuesta mucho quitarla de encima, tanto del cuerpo como de los tejidos que impregna. Como ya no espero llamadas, desconecto el móvil para que mañana tenga batería y, si recibo alguna llamada nocturna, no haga efecto llamada que sirva para que me pueda detectar el ladrón inexistente en lugar tan apacible. Intento foto imposible de la luna llena. El reflejo me trae el recuerdo de Munch. La Osa Mayor la localizo hacia San Pedro del Pinatar. Todavía llegan o salen aviones por San Javier.

Lo mejor del día ha sido esta tarde noche en playa La Llana. También, las señas obtenidas en la AGA, la buena dormida en K-Hito, la charla con Adela en el desayuno, el mapa que me han dado en Información en San Pedro del Pinatar, el paseo por las salinas con su agua rosácea, la rica lubina, mi último dibujo que se ha salido de la norma, con dos personajes principales y que en 2009 se repetirá sin ellos, las informaciones de Gemma y el equipo de socorristas sobre la posidonia y mi viaje de regreso, y la última charla con el navarrico Jaime y la foto de recuerdo que me ha sacado con mi cámara. Tenía que haberme hecho otra el primer día en Portugal, para poder comparar. Ahora estoy mucho más delgado.

Etapa 60 (176) Los Nietos-Santiago de La Ribera

Etapa 60 (176) 18 de agosto de 2008, domingo.
Los Nietos-Los Urrutias-Los Alcázares-San Javier-Santiago de La Ribera.

Tras la noche sandunguera
Prácticamente hoy recorreré el Mar Menor en su parte más interior. Esta noche la fiesta ha sido interminable. Un aprendizaje del camino consiste en saber elegir el lugar para dormir teniendo en cuenta el día de la semana; las noches de viernes y sábado, son muy propicias para este tipo de agrupación nocturna en las playas. Me volverá a pasar lo mismo el próximo año en una playa del norte de Tarragona. Menos mal que sólo ha sido juerga y que los mosquitos no han aparecido. Voy a tratar de contar la parte de la fiesta de la que me he enterado, aunque más propio sería decir que “no me he enterado de la fiesta”. Del grupo del cañaveral, pasan chicas en dirección al agua, aunque no puedo asegurar si se bañan o no en ese mar tan tranquilo, porque los juncos y otras hierbas me tapan la visión del mar calmo. Las veo ir y volver a su lugar. Otros chicos veo que van por detrás de donde yo estoy, probablemente a mear. Las primeras en marcharse son Tamara y dos de sus amigas y, en cuanto se van, cada cual cuenta lo que ellos conocen o han hecho con ellas, las critican y dicen sus baladronadas particulares. Es lo clásico: hablar del ausente cuando se ha ido y dar rienda suelta a la imaginación para construir su mala fama con datos que ofrecen poca credibilidad. Uno critica la voz de una de ellas que es lo que más le ha sorprendido al oírle hablar por primera vez. Luego oigo: “¿hacemos otro porro?”; pero esa voz no sé a qué grupo pertenece. Empiezo a oír sonido de guitarras; al menos uno de ese grupo, es buen acompañador de sus canciones. Pero, en conjunto, son más gritones que cantantes melodiosos. Cantan: “David, David, David, David” y “Without, without you…” y, pienso, “y yo sin vosotros estaría también mejor”. Se bañan todos, o casi todos, con bañador y no se lo cambian, quedándose toda la noche con la humedad encima y la noche no es muy calurosa. Quizás el alcohol compense la falta de calor exterior. El último que se ha bañado reclama su toalla; como ésta no aparece, dice: “me va a dar algo, tíos”… “dejadme una” y, le responden, “está llena de arena”. Al fin, parece que encuentra alguna, pero si no se quita el bañador, el pasmo le dará igual.

Despertar en Los Nietos
A pesar de que las antorchas han ardido y la juerga continúa, creo que algún sueñecito habré echado pues, cuando me despierto por la mañana, no siento cansancio. Me levanto a las 7:45 h y ya ha salido el sol por La Manga; empiezo a vestirme y a recoger y, mientras hago la operación de meter el saco en su continente, me acerco al grupo de las guitarras y, al verme, se disculpan. Les digo: “Creo que he elegido para dormir el peor sitio de todo Murcia”. Me dicen que al llegar no se dieron cuenta y que si hubieran sabido que alguien dormía por allí, se habrían ido a otro sitio. Tengo mis serias dudas, ya que creo que se querían alejar del pueblo y no creo que les convenía acercarse a los mosquitos marismeños. Les digo que, de no haber sido ellos, habrían sido otros. Por el suelo y en las cajas, hay más de veinte melones huecos. Aún les queda más de ¾ de una botella de whisky y de otra de un líquido cristalino, que muy bien puede ser ron o ginebra, o vodka. Me ofrecen coca-cola, ½ botella abierta y alguna sin abrir. Agradezco, pero declino la invitación y no digo que estoy en contra del líquido americano que es un buen ejemplo de algo que es universal exógeno, impropio de la cultura murciana. Una de las mejores invasiones USA que ha traspasado casi todas las fronteras. Y tampoco me apetece a estas horas nada de alcohol; otra cosa habría sido después de comer. Ni tampoco para llevar; por razones de peso. Lo que sí me habría apetecido es una raja del melón que les ha sobrado y que tienen sin empezar, pero no me parece bien que lo abran sólo para mí. No se les ve ganas de abrirlo para comerlo ellos y, si me lo abren, tal vez luego quieran que me lo lleve y no tengo ganas de acarrear más peso. En fin, se pasó la oportunidad. Empiezan a marcharse algunos y, con todo recogido, me vuelvo a acercar al grupo. Han quedado 6 u 8 chicos y dos chicas; el hermano de uno de ellos se ha ido antes con alguna chica. Al más atento, uno de los de la guitarra, que también está tratando de dejar el lugar lo más limpio posible, le enseño mi diario y mis dibujos. Es el más receptivo para apreciar la belleza de mi viaje. Se queja de lo guarros que han sido los del otro grupo, “eso que tenían más cerca el contenedor”, dice, e intenta recoger algo de lo que los otros han dejado tirado. Compruebo que lo que me temí pólvora y supuse polvo para delimitar el territorio, es algo mucho más romántico: son pétalos de buganvillas rosadas ¡qué tierno!, ¡qué bonito! Casi todos son de Cartagena, pero uno que no lo es, tampoco dice de donde. Pocos se quedan recogiendo, la mayoría se va en dirección Los Nietos y yo arranco hacia Los Urrutias.

Caminando hacia Los Urrutias
Si ya comenté acerca de la terminación en “ico” de algunas palabras murcianas y que me explicaron que provenía de conquistadores del reino de Aragón que dominaron estas tierras, este nombre de Los Urrutias, seguro que viene de mucho más lejos, y me pregunto: “¿también los vascos fueron conquistadores de ese pueblo que pronto veré?” Para los que no lo sepan, Urruti, en lengua Euskara, se traduce como lejano o lejos. Urrutia es un apellido muy habitual, pero nunca se nos ocurriría decir Los Urrutias para hablar en plural, sino Los Urrutia. Quizás sea por ese error gramatical por lo que ese nombre me ha sorprendido aún más. Inicio el camino por arena y resulta algo incómodo, así que salgo a explanada lisa con tonalidades blanquecinas, como si correspondieran a restos de antiguas salinas y que alguien utiliza como pista de aeromodelismo. Veo cómo una avioneta hace un aterrizaje perfecto y, poco más tarde, cómo comienza de nuevo a volar, aunque no tengo certeza de que sea el mismo aeroplano de juguete u otro parecido. Al acabar la pista un arrollo me obliga de nuevo a llegar a camino y, de allí, entraré en una zona que está sin terminar de urbanizar. Una pareja me orienta hacia Los Urrutias como lugar más próximo para desayunar. Me dicen: “Llegas al campo de futbol, sigues el paseo marítimo y coges la primera calle a la izquierda”. Así de fácil, llegaré a Rincón Denis, donde desayuno con apetito: ½ tostada con tomate, una ensaimada y café con leche (3,30 €). Escribo y para las 10:30 h ya salgo hacia Los Alcázares. Cojo agua, pero no de las de grifo aledaño al de cerveza, fresquita, sino de grifo normal, que aquí ya  tiene buen sabor. Ayer ya se vieron aviones que salían del aeropuerto de San Javier y hoy los volveré a ver.
Voy saliendo de Los Urrutias por calle interior y me llama la atención un hibiscus arbóreo; yo siempre lo había visto como arbusto. Me parece hermoso y lo fotografío. En ese momento viene paseando una familia formada por los abuelos, la hija y el nieto, al que le picó un mosquito y le han tenido que vendar la pierna porque se arrasca la picadura de continuo; el abuelo que, aunque lo es, no ejerce de cartagenero y la abuela, que es zamorana, junto a la madre me dan un rato de conversación. Conocen bastante Portugal, sobre todo la zona lindante con Zamora; valoran y envidian mi viaje y me quieren invitar a un café o cualquier otra cosa, pero agradezco y deniego la oferta, aduciendo que acabo de desayunar, y sigo adelante. Había retrocedido con ellos para alargar la charla, ya que el niño, parado, protestaba. Una vez finalizada la larga calle, salgo al paseo marítimo que también se acaba y salgo a una orilla estrecha del mar. 

Grandes medusas
en la orilla hacia Los Alcázares
El margen entre la marisma y las livianas olitas del mar es tan angosto, que decido despreocuparme de si se me mojan o no las sandalias nuevas, aunque sé que mojarlas en aguas con tanta salinidad no es lo que más les conviene para alargar su duración. Orilladas,voy encontrando gran cantidad de medusas, de las que fotografío dos y selecciono una como muestra para este reportaje. Viendo tantas medusas, mi idea de darme un baño se va diluyendo. Observo que para hacer posible el baño colocan, en las pequeñas playas por las que voy pasando, una red que evita el paso de las medusas, al menos de las grandes. Como en estas zonas acotadas siempre encuentro a alguien en la playa y no me atrevo a que surja la trifulca, y en las zonas sin protección de red tampoco me atrevo por temor a las medusas, ésta será una mañana sin disfrute de baños. En mi paseo, encuentro a varios pescadores. Uno coge caracolas metido en el agua hasta media pierna y sin temor a las medusas; otro, más temeroso, lo hace en la misma orilla. Otro pescador ha cogido tres mújoles pequeños y los ha devuelto al mar. Uno de ellos me dice que todavía estoy en terreno de Cartagena y que, cuando llegue a la rambla, pasaré a terreno de marisma de Los Alcázares.  

Los Alcázares. Dos parejas.
Comida en la venta El Puerto 3
Cuando llego a la rambla anunciada, veo que trae algo de agua y debo retroceder hacia el interior hasta llegar al puente. Una vez allí, ya no vuelvo a la orilla y continúo por la carretera hasta llegar a la rotonda donde, con grandes letras, se puede leer: Los Alcázares.

Paso por una venta donde leo oferta de un menú a buen precio y, siguiendo hasta el cruce, me meto por una calle lateral. En un patio de entrada a casa, Víctor juega al parchís con su ahijada. Cuando estoy hablando con ellos, llega el padre de la niña en moto de cuatro ruedas. El padre y Víctor son amigos. Salen de dentro de la casa las dos mujeres y me da la impresión que los cinco viven en esa casa, al menos en estos días de sus vacaciones. No sé si la casa es propia o de alquiler. Víctor es un hombre muy asequible y capta bien el espíritu de mi viaje; disfruta de lo que le cuento y de los dibujos que le enseño. La niña y su padre, ambos con casco, se van en el vehículo de cuatro ruedas, las dos mujeres se van andando hacia la playa, pero Víctor tiene que ir con el coche para traer, al regreso, todos los bártulos que, me parece, tienen ya allí, en la playa. Mientras hablamos, Víctor me invita a una raja de melón riquísima. Su amigo, más generoso aún, me quiere regalar un melón entero, que rechazo, explico, entienden mis razones y agradezco. Retrocedo para comer en la venta, pero no empiezan a dar comidas hasta las 15:30 h y cometo el error, para hacer tiempo, de comer una tapa de champiñón con jamón, que está demasiado fuerte, con Martini y tónica (5 €), y que harán que luego no pueda comer todas las patatas fritas del segundo plato, ni la ensalada que sirven de propina. La sopa de pescado está muy rica, aunque a mí me gusta más caldosa; la tengo que comer con cuidado, para no coger la tierra del fondo, que noto al arrastrar la cuchara; ¡con lo que a mí me gusta rebañar los platos!, aunque muchos digan que es de mala educación. Para mí es un gesto, que no necesita palabras, para mostrar que lo que he comido me ha gustado. También puede significar que tengo mucha hambre pero, si es la verdad, ¿por qué ocultarlo? Aún así, con lo que me gusta hablar, a veces, al retirar el camarero el plato rebañado, le hago el comentario, ¿irónico o absurdo?: “no estaba rico” y, normalmente, los camareros, se hacen cómplices de mi buen humor. Si lo comido son mejillones al vapor, que es como más me gustan, al devolverles el plato con las cáscaras (valvas) mondas y lirondas, les puedo comentar: “estaban duras, no me las he podido comer”. Segundo plato: chuletillas de cordero, que también están ricas pero, como decía, no puedo terminar las patatas fritas, ni la ensalada adicional. No recuerdo la bebida y el coste ha sido 13 €, siendo comida y aperitivo 18 €. Mientras estoy tapeando y comiendo, voy siguiendo la final olímpica y disfruto viendo ganar a Nadal la medalla de oro. Cojo agua fresquita a la que exprimo los dos trozos de limón que me han servido con la sopa y con las chuletillas. En el retrete no consigo hacer nada, ya llevo dos días sin hacer una deposición y, aunque estoy satisfecho porque la diarrea finalizó, ahora empiezo a preocuparme por lo contrario; supongo que estoy en proceso de regulación.
Salgo de la venta El Puerto 3 y, por una gran avenida, llego a Información, pero está cerrado. Hay que tener en cuenta que es la tarde de un domingo y, normalmente, si abren, sólo suelen hacerlo por la mañana. Veo instalado el Circo Quirós. Fotografío la iglesia y voy saliendo del pueblo.

Equivocadamente decido ir a San Javier
La carretera me lleva hacia autopista, pero observo que paralela va otra carretera que, me supongo, sería la única que unía antaño Los Alcázares con San Javier. Ahora pone vía de servicio. Es la que recomendaré a un joven conductor que, junto con otros jóvenes, va a hacer el recorrido contrario a mí, pero no sé si me hará caso. Como mi destino de hoy es San Javier, que es donde siempre creí que estaba la pista del aeropuerto de la Academia General del Aire, empiezo a buscar alojamiento en cuanto llego a este pueblo. Antes de llegar al centro, veo indicación de Casa de Huéspedes y llamo tres veces al timbre sin obtener respuesta. Todas las persianas frontales están totalmente bajadas. Voy a un bar para preguntar y un chico me recomienda que vuelva donde Mari Carmen que, si no ella, su marido aparecerá en cualquier momento; me añade que su hermano está hospedado allí por 14 € y que, me asegura, tienen habitaciones disponibles. Lo que me recomendaba la chica de la barra era un hostal con habitación por 24 € pero, como es habitual en mí, elijo la opción más económica.

Cualquiera de las dos opciones habría estado bien pero, tras sacar foto a la iglesia de San Javier, retrocedo hacia la Casa de Huéspedes, donde obtengo el mismo resultado que a la venida. Acierto en  no quedándome a dormir en San Javier ya que, el aeropuerto de San Javier y la Academia General del Aire, objetivo final de la jornada, se encuentran en la costa, que también pertenece al mismo municipio, pero que allí recibe el nombre de Santiago de la Ribera.
Santiago de la Ribera. Hostal K-Hito. Academia General del Aire
Voy bajando hacia el mar por una gran avenida y no paro hasta llegar a la Academia. Me recibe el soldado que está encargado, hoy domingo, de vigilar y controlar la puerta de entrada. Le explico cual es mi objetivo y me parece bastante receptivo, sobre todo porque se muestra interesado por mi viaje que hoy tiene un tinte especial, ya que este intento de visita a la Academia General del Aire es un retorno al pasado, a mi niñez, a los traumas de mi niñez. En cuanto a mi deseo de recuperar datos históricos, lo ve bastante difícil ya que, la mayoría de las personas que me habrían podido atender, están de vacaciones. Le digo que lo que pretendo es la confirmación del accidente, fecha y datos del suceso, lo que dijo la prensa y demás información que me pudieran facilitar y pistas para poder hacer una búsqueda personal. Aunque él ya no estará, me dice que vuelva por la mañana y que lo explique de nuevo al que esté en la puerta. ¡A ver con qué éxito! Efectuada esta primera intentona, me preocupo de buscar pensión en Santiago de la Ribera. Mi búsqueda es también poco exitosa y me siento en la terraza de la Heladería Verdú para tomar un granizado de limón (3 €) y para festejar la llegada a este destino parcial, punto de inflexión en mi camino alrededor de la península, al que llego con una mezcla de amor y temor esperanzado, pido un gin-tonic al que añado una segunda tónica (5,70 €). Adecuada forma de cerrar mi 60ª etapa del camino del Sur, a las puertas de la provincia de Alicante. Me pongo a escribir, y son las 19:30 h cuando acabo. No he recibido llamada de Jose Martin y no sé el plan para mañana. Me gustaría disponer de mapa de Alicante, para el arranque de la siguiente provincia. ¡A ver si mañana lo consigo! Salgo al paseo marítimo, donde hay puestos de artesanía en la plaza más próxima a donde la Academia besa al mar. Pregunto a policía municipal por Caja-Mar, pues sólo me quedan cincuenta euros, sigo paseando y, al regreso, confirmo el lugar. Está en calle paralela a donde mañana echaré la bono-loto, la primitiva y donde compraré lotería y cerca de la pensión que antes no me han atendido y a la que regreso. Me piden 50 € y consigo una rebaja a 45 €. Cuando estoy en la negociación pasan unas chicas y los ojos del joven se obnubilan y se van tras sus hermosos panderos. No recuerdo lo que les dice y se olvida del negocio. Como 45 € me sigue pareciendo caro, más después de saber la oferta de San Javier, pero comprendiendo que no van a ser los mismos precios los del interior que los de la costa, decido volver a la puerta de la Academia, para preguntar y recibir orientación. Un matrimonio llama por móvil a sus hijos para preguntar a que misa van a ir. Paso por delante de la iglesia de Santiago, pero no entro porque en la puerta hay mucha gente, ya que la misa está a punto de empezar. ¡Me sorprende que todavía haya padres que se preocupen de que sus hijos vayan a misa! Como la costa es muy urbana, pregunto al encargado de puerta que, tan bien me ha atendido antes, si hay alguna posibilidad de dormir en la playa paralela al aeropuerto. Me dice que no, que tendría que retroceder once kilómetros si quiero dormir en playa menos urbana. La alternativa que me ofrece es una pensión que está enfrente.

Doy un paso al frente y,  al otro lado de la carretera, en el Hostal K-Hito hay cama para esta noche. El dueño atiende a una pareja a la que informa del precio de la habitación con media pensión. Cuando yo le pido una individual y precio, me dice: “22 €”. “Estupendo, una para mí”, le digo. Termina de atender a la pareja y me dice que va a preguntar si hay una libre para esta noche. Para dar un plus de interés al tema, le digo que vengo andando desde Portugal y, cuando regresa, me dice que sí la hay y que el precio es el dicho más 2 € si quiero con desayuno. Acepto el precio de 24 €. Dan desayunos de 9:00 a 10:00 h. Subo a la habitación, que es suficiente para mis exigencias, me instalo, vacío la mochila grande, le quito toda la arena que se iba acumulando en el fondo, lavo la ropa que llevo puesta y la tiendo a secar, me ducho y me doy Aloe-Vera para ir a dar una vuelta. Dejo puesto el aire acondicionado para que la habitación esté fresquita  y la apagaré al regresar. Pago la cuenta y me devuelven el carnet de identidad. Mañana me darán la factura. Salgo a agradecer al encargado de puerta de la AGA y le digo que tengo habitación enfrente que, después de tanta búsqueda infructuosa, la he conseguido en el mejor sitio para mis planes de mañana. Me dice que mañana puedo ir a partir de las 8:30 h, que es cuando se abren las puertas para las visitas.

Atardecer en Santiago de la Ribera
Vuelvo al paseo donde estaban los tenderetes de artesanía; me tienta un puesto árabe que ofrece pastelitos dulzones y té, pero me da miedo que hoy, teniendo cama, tras tantos días de dormir al aire libre, la teína me mantenga los ojos como platos, y decido abstenerme. En otro puesto ofrecen bizcochos variados, pero temo que me den un trozo demasiado grande y tampoco me animo. En la pensión he comido el briñón y el plátano que me quedaban y me han sabido a gloria. Me gustan las cosas de artesanía que veo y las disfruto más porque no tengo intención de comprar nada. Compro un helado de 2 € de limón y turrón y lo voy degustando y relamiendo por el paseo marítimo. Cuando se acaban paseo y helado, tiro el cucurucho de papel y la cucharilla de plástico a una papelera y regreso a la pensión K-Hito. Este nombre me recuerda a un buen amigo de mi padre, un hombrachón, al que en el pueblo llamábamos Caíto, diminutivo de Ricardito. Solía ir con mi padre a cazar y, cuando nos vemos, siempre demuestra  que guarda buenos recuerdos de él y de lo que disfrutaban en el monte y con la caza. Yo he heredado de mi padre este gusto por caminar, pero no su afición ni a la caza ni a la pesca. En cuanto llego, apago el aire acondicionado, pues la habitación ya está suficientemente fresquita, bajo persianas y cierro las ventanas, y me desnudo y tapo la tripita con la sabanita. Espero mañana no olvidar destender la ropa tendida a secar. Duermo muy bien. Antes, cuando me iba a duchar, he oído el lloro de algún niño o niña; lloraba con persistencia y me había temido lo peor. Ahora no se oye nada pero, por precaución, dejo cerrada la puerta del baño para, dado el caso, oír menos. Felices sueños.

Como resumen del día, si bien el paisaje no ha sido algo destacable, al menos la charla matutina con los jóvenes de las guitarras y su oferta líquida en cuencos de melón, en Los Nietos, el encuentro con Víctor, su amigo y su melón (seguimos con melones), en Los Alcázares, las informaciones del soldado de puerta de la Academia General del Aire y el colofón en K-Hito, en Santiago de la Ribera, han merecido la pena. Quizás también la belleza de algunas medusas que me ha deparado la orilla interior del Mar Menor.