jueves, 12 de abril de 2012

Etapa 27 (143) Marbella-Cabo Pino

Etapa 27 (143) 15 de julio de 2008, martes. Cumpleaños de mi madre.
Marbella-Cabo Pino.


Cumpleaños de mi madre. Último adiós a la Pensión Aduar
Hoy, en que mi madre hubiera cumplido noventa y dos años, será un día horizontal; andaré todo el día en paralelo hacia el este: Marbella-Cabopino. Me despierto a las 6:30 h. No me apetecía salir al patio y me he levantado sólo una vez a orinar en el lavabo, dejando correr el agua del grifo que, no lo sabía, se oye muy ruidosa en el edificio de tres plantas y balconcillos corridos que dan al patio. La pensión resulta grata y familiar, aunque la mayoría de sus ocupantes son extranjeros, así como el dueño consorte, la señora Zdravko, la de la limpieza. Aguanto en la cama hasta las 8:30 h; no todos los días se disfruta de colchón y sábanas limpias. Me ducho; vacío las mochilas para dejarlas limpias de la arena acumulada y restos varios. Ayer, en el Ciaboga, dejé el sobre amarillo de las postales hecho trizas (una porquería menos). Ahora aprovecho para ordenar el interior de las mochilas con más racionalidad y salgo a recepción. Busco a Deivis para devolverle el cortaúñas y las llaves, y aparece su mujer, a la que se lo doy todo. Busco a la señora Zdravko y, al decirle “spasiva”, me pregunta a ver si soy ruso. Me quedo sin saber quien era el señor Zdravko que ocupaba un espacio en la pensión.

Internet en el Albergue Juvenil
Subo la calle hacia la Biblioteca y, como está yendo hacia el Albergue Juvenil, entro y pregunto si, aun no teniendo posibilidad de haber pernoctado esta noche por estar completo, puedo hacer uso de los servicios de desayuno. El recepcionista me dice que sí, previo pago de 2 €. Desayuno dos vasos de zumo (de polvos), un pan (que abro por la mitad y tuesto) 2 mantequillas, 2 mermeladas, 3 palmeritas y café con leche (en taza de cereales). Mientras como y sorbo el café, charlo con un monitor madrileño, responsable del Programa de Intercambio que ocupa el Albergue, y me invita a hacer uso de Internet. Oportunidad que no desaprovecho y así me evito ir a la Biblioteca, donde iba a ir con respuesta incierta. Cojo agua fresquita. En la pantalla, veo a Gari, mi último nieto; no sin dificultad y pidiendo ayuda. Luego, accidentalmente (soy usuario, pero no experto en el uso de las tecnologías punta), lo veré en tamaño mayor, a pantalla completa. Leo el artículo de los prejubilados de Estanda, con los que han tenido una atención (mi hermana Sagrario está entre los homenajeados); el artículo reivindicativo de Santiagotarrak, al que respondo dando ánimos a Musku; y una carta preciosa de Ismael, el arquitecto de Sevilla, al que conocí en el Algarve, en playa Figueira (de Vila do Bispo), el verano pasado. Le había mandado foto, pero no había respondido. Está algo vulnerable porque, después de años conviviendo con Lurdes, hace un mes dejaron esa relación; está deseoso de imitarme en mi andadura y dice que todo el año se han estado acordando de mí y Lurdes era la que le insistía en que me contestara. Tras contestarle en otro larguísimo e-mail que, por la poca capacidad de mi correo, no puedo enviar. Olvido ponerlo en azul y sólo doy a Control-C y pierdo todo lo escrito ¡Qué impotencia! Escribo otro más corto y vuelvo a tener similar problema. Un monitor me ayudará cambiando de servidor “¡Gracias!” Tenía intención de escribir también a Lurdes, pero no lo haré hasta que vuelva a casa. Voy al servicio y bajo a la calle Bermeja.
 
Dibujando la calle Bermeja
Rojiza, sería otra forma de llamarla. El bermellón es uno de mis rojos favoritos. Quizás por eso. La vecina de enfrente, a la que ayer dí un beso, ya no recuerdo con qué motivo, me quiere invitar a cerveza cuando estoy acabando y para irme; se lo agradezco pero, si me la hubiera ofrecido antes… Le enseño el dibujo y ella me recomienda El Gallo, que está allí cerquita. Entro, me agrada el lugar y como una tapa de aceitunas aliñadas riquísimas, lentejas con pimiento y patata, carne guisada en salsa de tomate y con patatas fritas, de postre, arroz con leche, también muy bueno y una jarra de tinto de verano. Todo por 8 € ¡Genial! Pregunto cuanto me habría costado la habitación y me dice que 30 € en habitación individual. ¡Que pena no haberlo sabido ayer! Pero tampoco me voy a quejar, pues en Aduar estuve bien a gusto. Aunque diez euros menos… Quizás me habría evitado el dispendio y los extras marinos: gambitas del Bartolo, navajas y mejillones del Bahía. Para qué lamentarme: todo estuvo y ha estado bien. Acabo la escritura a las 15:15 h, voy al servicio, cojo agüita fresca.



Saliendo de Marbella por paseo marítimo
Bajando la calle salgo a un punto del castillo; sigo hacia donde lo dibujé ayer y bajo la rampa hacia El Cordobés ¡Qué buena pinta tiene todo lo que ofrece!, ¡lástima que ayer fuera el día de descanso semanal! Pero, acabemos definitivamente los lamentos. Salgo a Ramón y Cajal y bajo, después de pasar el puerto deportivo grande (el de ayer, donde se follaba, era el pequeño) llego al paseo marítimo. Veo otra muestra del Circuito Biosaludable. 

 




Son las 15:30 h y, al bajar a la playa, sopla fuerte viento de levante que me da de frente y me frena. Tiene una característica especial, ya que la ola, al chocar contra las rocas, las partículas de agua que impregnan la atmósfera, vuelven, devueltas por el viento, al mar. Así no mojan al caminante viajero.






Por la playa de Los Monteros, hacia Cabopino
Paseando por la playa, observo un barco en alta mar, que me parece algo distinto de lo habitual. Me dicen que es una plataforma, pero no recuerdo si me dicen petrolífera o de gas. 
 



Llegando a la playa de Los Monteros, llego a contar entre 39 y 40 kite-surfistas en vuelo. En otra de las playas por las que paso, se alquilan pedalos por 25 € la hora. No me extraña no ver más que uno en el mar y que la mayoría (7 u 8), a ese precio, estén varados en la arena. ¡Se piensan que los extranjeros son “memos”! Llego a un lugar con torre almenara y pienso que ya puede ser Cabopino pero, cinco chicos, me dirán que es hacia el espigón que veré cuando de la vuelta a la punta. Al preguntarles, adivinan que voy a hacer nudismo, pero se piensan que a lo que voy es a ver titis desnudas, y hacen sus comentarios que intentan ser graciosillos. No falta mucho para llegar al lugar esperado; en mi lista de playas nudistas la playa de Artola, que en mi nuevo mapa figura como Duna de Artola, es la segunda de Málaga. Veo a lo lejos el espigón y, al doblar otra punta, me encuentro con los primeros nudistas. 
 


Como en esa zona la orilla del mar está llena de rocas, sigo más adelante. Me cruzo con un chico que parece que viene paseando desde el fondo y me recomienda que siga más adelante, que allí todo es fondo de arena. Así que, sin llegar hasta el final, veo fin de piedras y entrada de arena, dejo las mochilas cerca de la bajada de la duna y, cuando voy a extender la toalla, me doy cuenta de que en la arena hay camufladas muchas piedras grandes; así que me desplazo más al este y descargo las mochilas. Al entrar al agua, aunque toco una piedra semihundida, el resto es de arena y me doy el primer baño. La base de arena presenta muchos altibajos. Unos niños se bañan en el espigón. Nado rozando la arena con los dedos, ya que la profundidad es poca, pero se agradece la buena temperatura del agua, ya que el día sigue nublado. Reflexión sobre mis pies: Desde que me compré las nuevas sandalias y el aloe-vera, observo que mis pies van mejorando; en especial el papiloma (?) que ya apenas me duele. Me da la impresión de que se inicie un desplazamiento hacia la izquierda del pie izquierdo “¿los papilomas se desplazan?”, me pregunto. Pregunta sin respuesta. Al desplazarme descalzo por la orilla, ya se resiente algo más.

Tarde-noche en Cabopino
Voy andando a los extremos de nudismo y, cuando llego al espigón, observo que ya no hay nadie desnudo. De esta forma voy conociendo los límites. Me da la impresión de que, a partir del espigón, la siguiente playa ya es de élite, lo cual me advierte de que no me debo acercar demasiado, al menos, desnudo.

Soco, Servando, Sara y Raquel
Cojo los bártulos y los llevo al lugar que me parece será bueno para dormir, y no haciendo coincidir con ninguno de los senderos que provienen de la duna de Artola. Me doy otro baño y veo una familia dividida; los padres, Servando y Soco, están en la zona seca, tumbados en sus toallas, mientras que sus dos hijas, Sara y Raquel, juegan en la orilla, aunque la pequeña, se acerca varias veces a sus padres y vacía su cubo lleno de agua, salpicando sus toallas. Las dos siguen jugando abajo y nos dejarán tener una bonita conversación a los adultos.  Les hablo de mi viaje y Servando me obsequiará con observaciones interesantes. Es andaluz y Soco de Cuenca, donde irán de vacaciones los próximos días. Las damas llevan días de vacaciones, pero él no se ha podido liberar hasta hoy, pues le habían quedado algunos flecos por cerrar; lo ha hecho esta mañana y estaba deseando venirse a la playa y desconectar. Me dice que el nombre que me dieron hérguenes (o jérguenes), casi seguro que será la aulaga (Ulex Baeticus). “¿Eres biólogo?”, le pregunto, y me contesta afirmativamente. La aulaga puede también recibir otros nombres: aulaja, tojo, aliaga (Ulex parviflorus). Es la flor de Bach: para las personas que han renunciado a creer que se puede hacer algo más por ellas; para las personas que se han dado por vencidas y que han perdido la esperanza. (Esto de la flor de Bach, no sé de dónde lo saqué). Les cuento mi experiencia de Almograve y el plantago almogravensis, de mis problemas con la jara (Cistos Ladanifer) y otras curiosidades de este viaje y les parecen muy interesantes los dibujos de mi cuaderno, porque plasman gráficamente algo que recomendaron a Servando en un curso de control mental. Me recomienda que entre en la página web: www.metodosilva.com  Yo estoy muy bien y ellos empiezan a tener frío. Soco se pone primero la blusa, luego la braga y ven llegada la hora de ir vistiendo a las niñas. De haber estado más tiempo, habría jugado un rato con ellas. Cuando las mujeres ya están preparadas, se viste Servando y les acompaño, subiendo la duna, hacia el coche. Ni nos fotografiamos, ni nos damos nada que nos vuelva a poner en contacto en el futuro. Quizás Servando es también de los que cree que la casualidad y el azar no existen, que todos ponemos algo para que las cosas ocurran; este encuentro, que ha sido bonito, quedará en lo que ha sido, un encuentro puntual y si tendrá o no continuidad, sólo el tiempo lo dirá. No les acompaño hasta el coche porque ya me he alejado de la playa un buen trecho, voy desnudo y he dejado todo mi equipaje abandonado.

Dibujo y dormida arropado por pescadores. 
Un jinete
Ya en la playa, me doy otro bañito y me pongo a dibujar en el espigón. No tiene demasiada gracia el paisaje elegido y el bajón de luz es considerable, pero lo que ha salido ahí queda. De levante viene un nubarrón negro y espeso, que me hace temer lo peor para la noche. Por suerte, se va desplazando hacia el mar y en la vertical de Cabopino han quedado unos cumulitos muy lindos. En el dibujo, sigo sin mejorar la apariencia de las olas del mar que dibujé en Odeceixe. Empiezan a llegar pescadores; los últimos, se sitúan a unos treinta metros de mí. Confío en que no me den la noche. Antes de montar la cama, me acerco a los más próximos pues, ya que vamos a ser vecinos durante la noche, al menos levemente, nos conozcamos. El más cercano me dice que es la primera vez que viene a pescar a Cabopino, pero que no cree que corra peligro con las máquinas de limpieza. “¡Hasta mañana!”. Mientras dibujo, han ido paseando extranjeros, un buen ejercicio para bajar su tempranera cena y otros, para pasear sus perros.  

He alisado la arena para que la cama quede horizontal y la arena que sale de debajo está caliente. Una vez desplazado el nubarrón negro, se vaticina buena noche. La luna está potente aunque huevona y, entre su luz y las nubes algodonosas que tapan el cielo, no podré ver bien las estrellas; tampoco consigo localizar la Osa Mayor. Empezando a oscurecer, veo acercarse de la otra playa hacia la duna un jinete a caballo; creo que va a seguir por la duna y me dispongo a sacar foto pero, él es más rápido que yo, baja a la playa y galopa. Para cuando aprieto el pulsador, caballo y jinete ya se han alejado hacia poniente. Queda esta foto lejana para el recuerdo de mi lentitud. Normalmente el día del cumpleaños de mi madre, suelo llamar a mi hermana Sagrario, pero hoy no lo he hecho.

La mañana ha alargado mi gusto por Marbella, de la que he disfrutado sin prejuicios de Giles y Lolitas. Un buen uso del Albergue Juvenil (desayuno e Internet). Un bonito dibujo en Bermeja, con cerveza virtual, y una comida muy buena en El Gallo. Un paseo grato hasta Cabopino, con encuentros puntuales y mucho kite-surfista y, como colofón, una tarde noche placentera, en buena playa para baño, una bonita charla con el andaluz Servando y la conquense Soco; mientras sus hijas, Sara y Raquel, jugaban. Noche tranquila arropado por pescadores. A lo largo del día, San Enrique, me he acordado varias veces de mi madre.

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